No podemos negar que las redes sociales, plataformas virtuales y nuevas tecnologías han cambiado de manera importante nuestra manera de ver el mundo, percibir la información y también nuestro modo de juzgarlo, pues gracias a estas plataformas como Facebook tenemos acceso directo e inmediato a cualquier acontecimiento, ya sea una grabación, fotografía o un post, sin embargo, pocas veces nos damos en cuenta que esta información solo muestra parte de los hechos, lo cual lleva a simplificar la realidad, por lo cual nosotros nos adelantamos a sacar conclusiones en función de esta información rápida y simplificada.
Al pasar el tiempo Facebook se ha transformado en el medio preferido de las personas para denunciar abusos por parte de la autoridad, negligencias médicas, fraudes y demás acontecimientos, es por esto que no debemos apresurarnos a juzgar estos hechos como verdaderos ya que no conocemos todo el trasfondo. Teniendo en cuenta esto la información tiende a ser incompleta.
Para la mayoría de personas, la viralidad que tiene la información en redes sociales se ha convertido en lo principal que el usuario se fija para saber que ésta es “verdad” y ha quedado como secundario saber si en realidad la noticia es cierta, lo que cuenta es cuánta gente comparte la noticia, cuántas personas la verán o cuántos “me gusta” tenga la noticia, foto, etc. Esto ha causado un descontrolado bombardeo de gran cantidad de información sin fuente y sin verificación, esto se ha vuelto aceptable en un tiempo donde el peso de las redes sociales como fuentes de información confiable ha aumentado, cualquier noticia puede ser verdadera y se ha perdido la noción de la verdad verificada.
Es necesario reflexionar sobre quiénes son los responsables de la difusión de información falsa, no verificada. Nosotros somos en buena medida culpables de que la información falsa llegue a ser viral y después llegue a ser aceptada por otros usuarios como verdad, ya que la gran cantidad de personas que reciben la información no se toma el tiempo de verificarla. Solo nos damos el tiempo de ver cuán sensacionalista o impactante podrá ser la imagen que nos presente, y la tomamos como verdadera, en realidad nosotros somos los que nos mentimos. Estamos cayendo en el juego del que nos han hecho parte las redes sociales, el de aceptar cualquier información, por más que ésta afecte a otras personas o sea mentira, sin dar espacio a la duda. Este problema es culpa de nosotros, ya que no estamos haciendo nada para que estas publicaciones dejen de ser virales, compartidas y menos que sean puesta a verificación antes de salir al público.
Los defensores de la información instantánea nos dirán: esta es la magia que posee el internet, que todo lo que circula es libre y no podemos ir en contra de la libertad, así como también que los individuos detrás de esta información no pueden ser vistos y se esconden detrás de una computadora o dispositivo y esta es su mejor arma. “Publicar información falsa es fácil y hacerla circular, aún más. La tecnología no distingue entre los rumores, los infundios y los hechos confirmados. Sin una información fiable, la libertad de opinión opera en falso y la democracia se degrada” (Casajuana, 2016). Por lo cual la tecnología no es culpable del mal uso que le podamos dar, ya que nosotros tenemos la responsabilidad de usarla correctamente en beneficios de todos.
Bibliografía
Casajuana, C. (28 de octubre de 2016). La erosión de la verdad. EL PAIS, pág. 1.
Al pasar el tiempo Facebook se ha transformado en el medio preferido de las personas para denunciar abusos por parte de la autoridad, negligencias médicas, fraudes y demás acontecimientos, es por esto que no debemos apresurarnos a juzgar estos hechos como verdaderos ya que no conocemos todo el trasfondo. Teniendo en cuenta esto la información tiende a ser incompleta.
Para la mayoría de personas, la viralidad que tiene la información en redes sociales se ha convertido en lo principal que el usuario se fija para saber que ésta es “verdad” y ha quedado como secundario saber si en realidad la noticia es cierta, lo que cuenta es cuánta gente comparte la noticia, cuántas personas la verán o cuántos “me gusta” tenga la noticia, foto, etc. Esto ha causado un descontrolado bombardeo de gran cantidad de información sin fuente y sin verificación, esto se ha vuelto aceptable en un tiempo donde el peso de las redes sociales como fuentes de información confiable ha aumentado, cualquier noticia puede ser verdadera y se ha perdido la noción de la verdad verificada.
Es necesario reflexionar sobre quiénes son los responsables de la difusión de información falsa, no verificada. Nosotros somos en buena medida culpables de que la información falsa llegue a ser viral y después llegue a ser aceptada por otros usuarios como verdad, ya que la gran cantidad de personas que reciben la información no se toma el tiempo de verificarla. Solo nos damos el tiempo de ver cuán sensacionalista o impactante podrá ser la imagen que nos presente, y la tomamos como verdadera, en realidad nosotros somos los que nos mentimos. Estamos cayendo en el juego del que nos han hecho parte las redes sociales, el de aceptar cualquier información, por más que ésta afecte a otras personas o sea mentira, sin dar espacio a la duda. Este problema es culpa de nosotros, ya que no estamos haciendo nada para que estas publicaciones dejen de ser virales, compartidas y menos que sean puesta a verificación antes de salir al público.
Los defensores de la información instantánea nos dirán: esta es la magia que posee el internet, que todo lo que circula es libre y no podemos ir en contra de la libertad, así como también que los individuos detrás de esta información no pueden ser vistos y se esconden detrás de una computadora o dispositivo y esta es su mejor arma. “Publicar información falsa es fácil y hacerla circular, aún más. La tecnología no distingue entre los rumores, los infundios y los hechos confirmados. Sin una información fiable, la libertad de opinión opera en falso y la democracia se degrada” (Casajuana, 2016). Por lo cual la tecnología no es culpable del mal uso que le podamos dar, ya que nosotros tenemos la responsabilidad de usarla correctamente en beneficios de todos.
Bibliografía
Casajuana, C. (28 de octubre de 2016). La erosión de la verdad. EL PAIS, pág. 1.
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